Nacho
Pasado el mediodía fuimos uniendonos a la ronda, uno-otro y otro vino giraba de un lado para el otro. Cada uno a su ritmo se iba acomodando algunos armaron sus carpas de colores del otro lado del parque, otros se tirarían a dormir adentro de auto, aunque con un poco de frio, y otros simplemente en la reposera de al lado de la pileta.
Los salteños arrancaron con cerveza, otros preferimos el vino hasta un ratito después de que caiga el sol. Los maestros del fuego no hacian más que preparar el escenario para que nosotros admiraramos. No nos basta sentir con la nariz, necesitabamos sentarnos por unos largos minutos a mirar las catorce estacas de cordero con su fila de fuego en el medio. Y para que no nos aburrieramos, hicieron empanadas al disco.
Entre varios nos preguntábamos si ¿cuando cayo el sol el parque se habia agrandado? Porque el tramo hasta las carpas parecía cada vez más largo. Aunque nuestras piernas no se quejaron porque no pararon de bailar.
Algunos nos despertabanos y otros recién se estaban yendo a dormir, tomanos unos mates a la sombra mientras charlabamos de las distintas maneras de llegar a una imagen. A ella le resultaba mejor la ilustración y a mi me era más natural dibujar con palabras. Los mates ayudaron a que ahora de alguna manera lo que vemos y leemos nos cuenten la misma historia.
Y para todo esto se necesita que alguien tenga un motivo, en este caso el festejo de su cumpleaños, que él mueva las primeras fichas y después entre todos hagamos el juego. Alguno dira que eramos unos cuantos desconocidos pero en realidad teniamos en común nada mas y nada menos a quién lidero todo este lío.