Narda
Caminar bajo la lluvia, que se nos vuele el paraguas, luchar contra el viento, ir saltando los charcos para no mojarnos ni mojar a quien camina a nuestro lado. Disfrutar de los comentarios que nos hacen, sonreír a cada vidriera, sorprendernos con los colores de los zapatos del estante de madera.
Ir a comprar unos vinos, comer una comida caliente en casa de un amigo o ir a comer al comedor de la esquina; un plato que sorprende fresco de colores, otra vez blanco y de bordes oscuros, esta vez su nombre lo definía muy bien.
Antes íbamos a un bar a tomar una cerveza y en una cazuela lo traían, ahora era el elemento que se llevó todo mi asombro, estaba esparcido por los rincones del plato.
El calor del ladrillo de queso junto al violeta del repollo y la cebolla nos invitaban a probar la Palta que mis sentidos disfrutaron aún más al sentir la acidez del limón.
Afuera llueve, en la cocina se quema una rodaja de pan, el dibujo del piso se mezcla con la miel en panal que reposa sobre el mostrador; el maní tostado se fusiona con un sabor espeso y desconocido, en ciertos momentos creía que era maple syrup pero como tanto me sorprendía preferia enfocarme en mantener despiertos mis sentidos, hasta que no quedara más que un plato de bordes marrones.