Maria
¿Se acuerdan cuando eran chiquitos e iban a visitar a su abuela? La voy a visitar cada vez que voy al campo, viví toda mi infancia ahí. Mi abuela Sara salía a caminar por el parque, se apegaba al árbol de quinotos cada julio, después de almorzar se sentaba en el sillón de la redonda y nosotros disfrutábamos jugar sobre esa gigante alfombra que todavía hoy está.
Recorrer el parque hoy me transporta a los días con la abuela, es por eso que digo que el campo siempre me regala momentos que le hacen bien a mi corazón. A veces me siento abajo de los árboles a escuchar a los que caminaron a su lado, escucho a mi papá jugar con sus hermanos de pequeños, las conversaciones del abuelo, siento el galope de los caballos de cada partido de polo que jugaron mis familiares, escucho salir a mi tío Charly en el avión.
Un sábado de mayo de mucho frío estaba mi corazón sentado en el sillón frente a la chimenea y apareció Maria. No la estaba esperando pero ella quiso hacerse presente en los cuentos que algún día los árboles contarán. Hacía mucho que mi corazón no se sentía tan bien, se puso de acuerdo con el cerebro y juntos buscaron la forma de sorprenderla.
Los leños de la chimenea crepitaban cada vez más, yo quería transcribir ese sonido, tome mi lapicera y los renglones comenzaron a llenarse, frases y oraciones que más tarde iban a formar una canción. Lo llame a Jose mi amigo músico, le pase la letra y con la guitarra la cantaba.
Afuera hacia frío pero el metro me llevaba
el dia ya se iba y yo ya no llegaba
Aunque sea en lo alto, evidencia encontrabas
no estaba en una silla pero el metro me llevaba
Ahí me presente fue algo inesperado
ella estaba ahí, ya terminaba el anden y ella esperaba
tardaba un poquito pero ella me buscaba.
Ella estaba ahí en el metro yo llegaba y ella esperaba, un poquito me buscaba
El metro llego tarde, ella no se fue, me espero me dijo gracias pero llegaste tarde.
Los sábados de otoño siguen siendo los sábado de ella. Despertarme con la certeza de que te soñé, que los dos nos reíamos y divertíamos recorriendo la ciudad hace que mis días sean más lindos. Salir a caminar acompañado de las hojas que caen de los árboles y el sol reflejado en cada flor del camino es como escuchar tu voz en cada rincón.
Llegaste tarde me dijiste, espero que aquel chico que llegó temprano te haga sonreír como tanto te gusta hacerlo, te regale una flor de cada especie, te escriba mucho más que una canción, te dediqué más que unos renglones en su libro y te preste sus manos para que recolectes más flores.
Si tu quieres Maria recorrer los caminos del campo y escuchar las historias de los árboles conmigo, si tu quieres juntar flores, si tu quieres Maria algún día hablar, aquí estaré con el corazón inquieto como aquel sábado de mayo.